2009
10.26

Jugaba con el 154 y volvió a no tener suerte. A sus 28 años, la barcelonesa Elisenda Berninches es una de los más de 2.000 menores de 35 años que entró en el bombo del último sorteo de pisos de alquiler protegido para jóvenes de la capital catalana, celebrado el pasado día 8. Estaban en juego las 97 viviendas de la nueva promoción de la Zona Franca. Como a tantos otros jóvenes de la ciudad (y del país), le tocará seguir esperando.
«Comparto piso en el Poble-sec con otras tres chicas desde hace tres años. Pero ya empiezo a tener una edad, y llega un momento en el que una necesita su espacio propio», argumenta la joven.
Para Elisenda, el problema es, como casi siempre y en casi todo, el dinero. «Con los precios que hay en todas partes y como está el patio, si no tienes pareja es casi imposible pagar un alquiler tú sola, así que, o te quedas en casa de tus padres hasta los 40 o no te queda otra que compartir», explica esta joven interiorista quien, para acabar de rizar el rizo, se acaba de quedar sin trabajo.
«Como está el panorama laboral en todas partes, a ver cuándo y dónde encuentro un trabajo en condiciones», añade Elisenda, quien, pese a la imagen que se suele tener de los jóvenes de hoy en día, lejos de esperar sentada a que llegue la oferta soñada o a que le caiga un piso del cielo, está estudiando un curso en la escuela Massana para ampliar el currículo. «Es importante estar preparada», indica.
«Volviendo a la vivienda, tal y como están las cosas, la única opción que me queda es compartir y esperar que suene la flauta», añade. Se refiere a que en la próxima ocasión en la que el cada vez más repleto bombo del Consorcio de la Vivienda de Barcelona gire, y le dé por sacar su número. De momento, la Administración ya dispone de permisos para iniciar las obras las futuras promociones de alquiler protegido para jóvenes en las casernas de Sant Andreu, donde se construirán 94 apartamentos, la de Porta-Trinitat Vella, con 85 más, y la de Navas de Tolosa, con 78.
Por eso, pese a todo, Elisenda no pierde ni la esperanza ni el sentido del humor. «Me apunté por primera vez a las listas hace tres años, con el antiguo sistema. Pedí participar en lo que saliera, y evidentemente no me tocó nada», relata. «Y volví a apuntarme a principios de este año para entrar en el registro único, a ver qué. De momento no me han llamado, así que… no me habrá tocado, ¿no?», ironiza la interiorista. Quizá la próxima vez.

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